Cine: La cenicienta

Esta es una adaptación, bastante fiel al cuento tradicional, del director británico Kenneth Branagh, aunque en esta versión se explica mejor la niñez y la relación con sus padres de la protagonista. Ella lleva una vida idílica con su familia  en una hermosa casa, pero la felicidad puede truncarse en un momento por la tragedia y ésta ocurre con la enfermedad y muerte de la madre.

Al casarse de nuevo su padre, creyendo que la felicidad volvería, todo empeora por el perfil de la nueva madrastra y sus hijas que son altivas, interesadas, maleducadas y perversas. Ellas ven en la otra joven una peligrosa competencia que hay que anular, sin importar los medios, por ello al morir el padre la tratan con especial crueldad, sin embargo ella reacciona con gran nobleza de corazón.

Pero el destino le da a cada uno lo que se merece y la humillada Cenicienta, ayudada en lo material por su hada madrina y en lo espiritual por sus virtudes, enamora sin remedio a un apuesto príncipe y su suerte cambia para siempre.

La madrastra, protagonizada por la australiana Cate Blanchett, actúa de forma soberbia como es habitual en ella, no hace falta que hable porque sus gestos lo dicen todo; frustración, miedo, ira, intriga, angustia…todo un recital de buena interpretación, aunque se echan de menos unos diálogos más elaborados y profundos.

Merece la pena verla porque se pasa un rato estupendo, es entretenida, ágil, emotiva y con final feliz. Motivos más que suficientes para ir al cine.