Los adolescentes y la depresión

Los adolescentes, por sus cambios hormonales, vitales y ambientales, son propensos a padecer esta enfermedad y hay que estar especialmente atentos porque se sienten asustados, aislados e incomprendidos y no pocas veces acaban suicidándose. Por ello las familias deben informarse con realismo, acompañarlos en todo momento y proporcionarles el tratamiento médico adecuado.

La depresión es una enfermedad muy dolorosa, que afecta muchísimas personas, pero de la que casi nadie habla porque va asociada a inestabilidad mental, tristeza, falta de autoestima y total apatía. Se confunde al enfermo con los síntomas y esto es un error tan grave como frecuente. 

El adolescente no entiende por qué se siente tan mal, la familia está desconcertada y trata de animarlo con actividades que le provocan más malestar, porque el deprimido no puede sentirse animado hasta que empiece a curarse y querer acelerar los tiempos le produce angustia.

La información es vital y es muy importante que un médico le diga al joven y a sus padres en qué consiste la enfermedad, sus síntomas y la vida que debe llevar mientras esté enfermo, así todos saben a qué atenerse. Hay que evitar que personas ignorantes, pero que opinan de todo, le digan al enfermo que no le pasa nada, que haga un esfuerzo, que está haciendo sufrir a sus padres o que la culpa de estar así la tiene él. Hacen un daño tremendo y su criterio nunca es válido porque no saben de lo que hablan (cualquier depresivo sabe que haría todo lo posible por no verse así).

Una vez hecho el diagnóstico, el enfermo debe llevar una vida lo más tranquila posible, sentirse acompañado pero no agobiado y esperar a que el tratamiento médico funcione, para poder volver progresivamente a su vida normal.

La buena noticia es que antes o después la depresión se cura, aunque el tiempo que dura parece eterno.