El síndrome de agradar todo el tiempo

Hemos aprendido a ser complacientes, a llevar una máscara y ocultar nuestros verdaderos sentimientos para que nos acepten, pero no somos nosotros mismos.

Si en la infancia nuestra opiniones o deseos no eran tenidos en cuenta, para buscar afecto y atención, decidimos hacer siempre lo que quieran los demás, porque la afirmación abre puertas y es bien recibida. Lo terrible es que nos anulamos como personas, nuestros deseos pasan a segundo plano, las relaciones afectivas no son sinceras y la felicidad se nos escapa.

Este falso «buenismo» implica personalidades atormentadas que no dicen lo que piensan, que siempre tienen miedo de ser ellos mismos y que van acumulando rencor por la falta de estima que notan en los demás.

El agradador/a se mueve en el trabajo, los amigos o la pareja como el comodín, que todo el mundo usa cuando le conviene pero del que se prescinde cuando no hace falta, ya que las relaciones que establece, detrás de esa máscara de amabilidad, son muy asépticas, faltas de profundidad y sobre todo de autenticidad.

Frente a esto atrévete a decir NO y refuerza tu autoestima, expresa tu ser, ahuyenta el miedo y la culpa, incrementa tus habilidades sociales buscando objetivos realistas y así lograrás encontrar bienestar contigo mismo y con los demás.