El largo camino al éxito de Agatha Ruiz de la Prada

El caso de Agatha es digno de estudio porque verifica el refrán de «Quien la sigue la consigue», desde que se dió a conocer, como personaje en la famosa Movida Madrileña (años 80), hasta que despegó su firma comercial pasaron 17 largos años, otra persona hubiese tirado la toalla pero ella no. Su sentido estético, tan particular, lleno de vivos colores, formas geométricas (rombos, lunares, trapecios…), materiales originales (pinturas, globos, rellenos de espuma…) y sobre todo ese aire entre naif e infantil que influye en el ánimo de la persona. Cuando se ven las creaciones de Agatha sale el niño que todos llevamos dentro y aparecen el buen humor y las ganas de divertirse.

Llegar a vender su trabajo fue un camino difícil, aunque ella siempre ha sido fiel a sus diseños (solo aptos para valientes) y nunca le ha importado la opinión ajena, la venta al por mayor de sus vestidos era misión imposible por la audacia y excentricidad de sus modelos. Así estuvo muchos años, vendiendo poco y con deudas al pagar ella sus colecciones y desfiles de moda.

Su suerte cambió el día que recibió la sugerencia del presidente del Corte Inglés de crear una colección de ropa infantil que sus almacenes venderían. El éxito fue inmediato porque porque la ropa con la que los adultos no se atrevían les encantaba a los niños y las ventas empezaron a despegar. Después vinieron colecciones en otros ámbitos como cuadernos escolares, lápices, sábanas, toallas, cerámica…y muchos complementos más que permitieron a esta diseñadora crear un imperio comercial que aumenta y se extiende a pasos acelerados.

Su hija Cósima lo describe perfectamente así; cuando uno tira muchas balas alguna da en el blanco seguro.

 

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